La historia, el clima, el agua y la tierra son los principales factores responsables de que DO Ribera del Duero sea una potencia vinícola de las más fructíferas en España. Hace más de 2.500 años el vino ya estaba presente en esta tierra y los romanos se reunían en torno a ella buscando producir un caldo digno del dios Baco.

La historia vinícola de la Ribera del Duero se alarga hasta 1982, año en la que se establece su Consejo Regulador. Su geografía abarca municipios, principalmente de Burgos, pero también de Segovia, Valladolid y Soria. Una superficie que propicia una uva dulce por el frío del clima, pero equilibrada por la gran amplitud térmica entre el día y la noche. Lo que hace a Do Ribera del Duero uno de los vinos más deliciosos del mundo. Las uvas que se utilizan en esta Denominación de Origen son tintas en su gran mayoría, lo que evidencia que pese a la existencia de blancos, el vino predominante serán los tintos crianza. Así podemos encontrar las variedades Tempranillo, Garnacha Tinta, Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec (tintas) y Albillo (blanca).

DO Ribera del Duero Vino tinto

Más de 1.200 marcas lleva a todo el mundo la DO Ribera del Duero, una producción prolífica que va desde los vinos jóvenes hasta los Gran Reserva, predominando ampliamente el tinto. Así, el tinto joven de Ribera del Duero deja en boca una acidez equilibrada. El tinto crianza de esta demarcación se carateriza por su textura y sabor carnosos, dejando un potente rastro retronasal. El tinto reserva adquiere los aromas propios del envejecimiento en un vino que se toma su tiempo para explotar en los sentidos. El equilibrio y la armonía de matices y sabores son los que caracterizan al tinto Gran Reserva. Por último, el rosado resulta afrutado y fresco también con un toque ácido.

De esta gran producción son responsables alrededor de 260 bodegas que se reparten por los 104 ayuntamientos que cumplen las condiciones de esta Denominación de Origen.