Casi en todas las ocasiones, las bodegas de vino se encuentran dentro de la misma finca donde se produce la uva. Esto hace que las bodegas reposen en entornos naturales también muy caracterizados por la tranquilidad de lo rural. Supone un atractivo añadido para los amantes del vino. Desde hace ya algunos años se ha extendido la cultura vinícola que atrae a múltiples entendidos o nuevos aficionados al vino a descubrir más sobre su producto favorito.

Las bodegas de vino han sabido responder (y en algunos casos crear la necesidad) a esta demanda para desarrollar visitas que aumenten la vinculación entre marca y clientes. Este nuevo fenómeno, conocido como «enoturismo» es ya una realidad por toda la geografía española y también muy extendida por países como Francia, Italia y EE.UU.

De esta forma, el cliente tiene conocimiento del proceso que recorre la uva hasta convertirse en ese vino que degusta antes de una comida importante. Un proceso que avanza cualitativamente muy rápido dada la feroz competencia y el aumento de exigencia de un consumidor cada vez más refinado en cuanto a cultura enológica.