Vino espumoso de Francia

Vino dulce de Francia

Francia tiene escrita en su esencia la palabra vino. Cuenta con más de 10 grandes regiones productoras de vino de Francia, cuyos nombres se asocian a esta producción. Alsacia, Borgoña, Burdeos, Provenza, Saboya, Valle de Loira… Todas ellas recuerdan al vino con solo nombrarlas. Y qué decir si se traslada la atención a la región de Champagne. Como padres de este espumoso, los franceses han sabido exportar tanto sus productos como sus métodos de fabricación, creando una marca única en el mundo.

Francia es, junto a España e Italia, uno de los primeros productores mundiales de vino. Para entender el vino de Francia deberemos prestar atención a su clasificación en tres niveles: vinos con Appellation d’Origine Protégée (AOP, el equivalente a nuestra Denominación de Origen), vinos con Indicación Geográfica Protegida y vino de Francia.

El vino de Francia se abre a la creatividad

La gama caldos con Indicación Geográfica Protegida corresponden actualmente a la antigua denominación de «vinos de país», una iniciativa para instar a las bodegas que producían vino de mesa a mejorar la calidad de sus productos. Una mejora que no alcanza las exigencias para que sean integrados en los AOP, pero que cuenta con una calidad reconocible de la que ya se han creado 196 indicaciones. Estas zonas están delimitadas como regiones, departamentos y zonas del vino de Francia.

Por último, encontramos el vino de Francia, nueva denominación para los antiguos vinos de mesa. Estos vinos no cuentan con ningún estandard de calidad vinícola y solo están obligados a cumplir controles sanitarios. Sin embargo, es una vía más libre para la creación de vinos multirregionales, conocidos como varietales y que pueden suponer sabores muy sorprendentes y novedosos al paladar. En esta línea trabajan múltiples empresas que juegan a experimentar con los sabores y que no quieren verse encorsetadas por controles de pureza de las especies del vino de Francia y ligados a una sola parte del territorio.